En este espacio se ha escrito frecuentemente sobre el avance de las energías renovables y la continua necesidad de los combustibles convencionales para solventar la demanda energética en México. Hemos explorado también la complementariedad energética como estrategia de suministro; al fin y al cabo, el sol no siempre brilla y el viento no siempre sopla, pero la demanda de energía eléctrica es cada vez más amplia.
La complementariedad energética es una opción que resuena con mayor fuerza en el sector y se aplica con creciente amplitud para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible y avanzar en la transición energética. En este escrito queremos explorar la complementariedad energética puesta en práctica en las plataformas offshore de extracción de hidrocarburos, un escenario claro donde las fuentes convencionales y las renovables convergen para coadyuvar en el suministro eléctrico.
Primero que todo, recordemos que la complementariedad energética se define como la capacidad de dos o más fuentes de energía para suplir de manera conjunta las demandas de un sistema. De este modo, las debilidades de una fuente, como la intermitencia del recurso eólico, son compensadas por la estabilidad operativa y la flexibilidad de otra, como la generación basada en gas natural.
Dicho esto, un ámbito idóneo en el que coinciden estas formas de generación son las plataformas de extracción de hidrocarburos en alta mar. Estas instalaciones operan en entornos caracterizados por vientos marinos constantes y de alta intensidad. Por ello, el recurso eólico disponible representa una fuente inagotable de energía cinética que tradicionalmente se ha tratado de forma exclusiva como una carga estructural a resistir por las plataformas petroleras, ignorando su potencial de aprovechamiento.
Una de las formas de aplicar esta complementariedad a escala micro consiste en la instalación de microhélices o aerogeneradores compactos directamente sobre las estructuras superiores de las plataformas de perforación y producción. Mientras los pozos continúan extrayendo petróleo y gas natural, las corrientes de aire marino accionan estas aspas, transformando la energía cinética del viento en electricidad limpia. Esta energía generada en el mismo sitio se destina de manera directa al funcionamiento de los equipos electrónicos críticos de la propia plataforma.
Por otro lado, se pueden implementar esquemas de mayor escala mediante la instalación de parques eólicos offshore dedicados a suministrar energía eléctrica a los complejos de extracción. Un claro referente internacional es el proyecto Hywind Tampen, desarrollado por la compañía noruega Equinor en el Mar del Norte. Este parque eólico flotante de 88 MW de capacidad, ubicado a unos 140 kilómetros de la costa noruega, fue diseñado específicamente para proveer electricidad limpia a las plataformas de los campos Snorre y Gullfaks. El parque cubre aproximadamente el 35% de la demanda anual de electricidad de cinco plataformas interconectadas, logrando reducir unas 200,000 toneladas de CO2 al año.
En América del Norte, y particularmente en México, existe un gran margen de oportunidad para desarrollar proyectos de complementariedad energética. Actualmente, los proyectos de energía renovable se planean fundamentalmente para inyectar energía a la red eléctrica nacional. No obstante, frente a las prioridades de la industria de hidrocarburos y el interés estratégico de optimizar la producción nacional de gas natural para reducir la dependencia de importaciones, se abre una ventana ideal para que la complementariedad energética comience a integrarse como una alternativa viable en los nuevos proyectos energéticos del país.